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Bienvenida



Necesitamos compartir, necesitamos comprender, y solo podemos hacerlo mediante la palabra y toda otra forma de comunicación gráfica, gestual; que ingrese por nuestros sentidos, que emitan nuestros labios, nuestras manos, el cuerpo todo.

Para nosotros, para las personas, la comunicación fundamental, principal, se realiza por medio de la palabra, sea oral o escrita. Vivimos en un océano de palabras y señales comunicativas y la falta de ellas es como la falta de oxígeno a la vida. Sin ellas empobrecemos y en soledad podemos llegar al extremo de morir por ausencia de comunicación que en definitiva es ausencia de cariño, de amor; porque el opuesto, el odio, o simplemente la indiferencia, no permiten las palabras, no permiten la conexión, la comunicación. Solo se comunica, solo se habla cuando se desea comprender, cuando hay un principio de amor. Para ello, para compartir y comprender proponemos estas TARDES DE MATE Y CUENTOS; en ellas trataremos de alimentarnos de palabras, conocerlas y reconocerlas para llegar a tener una mejor comunicación, una riqueza y soltura del lenguaje.

Antonio G. Guzzo


sábado, 9 de mayo de 2015

Sergi Gustavo Soler Punta Alta / Buenos Aires / Argentina

Sergi Gustavo Soler


Cosa de hombres

   Estaba parado junto a la mesa y no sabía cómo decírselo. Lo había pensado en detalle y teniendo en cuenta todas las variantes posibles. Se había armado de todo el coraje que nunca antes había tenido. Pero al momento de enfrentar su rostro, todo ese envalentonamiento se esfumó como arena entre las manos. Quiso gritar entonces pero algo atenazaba su garganta y no le permitía emitir sonido alguno.

   Ella lo miraba con dulzura, la eterna dulzura que había logrado domesticarlo. Al no poder hablar, siguió el movimiento de sus labios que le decían:
- Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre en labios de una mujer.

   Y, seguidamente, escuchó a esa inolvidable voz, a esas melodiosas cuerdas vocales, que arpegiaban su nombre.
- Damián, te quiero.

   Esas tres palabras obraron el milagro. Desapareció la piedra que apesadumbraba su garganta, el temblor de brazos y piernas feneció inmediatamente y la sangre comenzó a fluir a raudales por sus venas, inflamándolo de la hombría que necesitaba para transmitir semejante mensaje.

- Damián, te quiero -, repitió esa voz que desparramó a su alrededor la más hermosa de las feminidades. Ése era el momento, no habría otro después. Carraspeó y, con el tono más varonil que podía despedir su voz, le espetó:

- Yo también te quiero, mamá. Hoy no me hice pis en la cama.

Locurita

  “Vivo con un enano en la cabeza” me dijo a boca de jarro al tiempo que me invitaba a espiar por el orificio de su oído derecho, desde donde, aseguraba podía tener mejor panorama. “Le gusta pasear por el hemisferio. Las estrías y los lóbulos, son cómodos para sus caminatas”, agregó.

   Yo, que al fin y al cabo únicamente que ría levantármela, le propuse un acertijo, una pavada, ¡bah!, algo sin sentido como para hacerle creer que le seguía la corriente. Adopté una pose intelectual y le susurré: “Si partimos de un Alzheimer galopante, no se puede”. Y me agrandé. Entonces le grité: “¡Yo soy la musa inspiradora de la noche!”.

   “¡Andate a la puta que te parió!”, respondió indignada. “¡Que te creés, que te estoy loca!”, gritaba ahora ella mientras se alejaba.

   De su oído derecho se asomaba una cabecita barbuda y sonriente. Me tiraba besitos…


De cervezas, amores y añoranzas

Fin de la intensa jornada. El calor y la cercanía de la playa convocan a la charla distendida y tientan a los labios secos, resecos, ansiosos de embeberse en esos inmensos vasos de cerveza tirada con gotas resbalando sobre las mesas.
Los tres amigos ceden sin mucha resistencia. El bar frente al mar los acurruca y los aísla de la muchedumbre que va y viene  a lo largo del camino costero.
La primera ronda, tragada a mansalva, sirve simplemente para aplacar la sed. La segunda, con la bebida sorbida morosamente por la boca de los tres parroquianos, empieza a aligerar pensamientos y charla se torna confusa. Los tres quieren hablar, se sienten bien, creen que la felicidad es simplemente eso, estar ahí, dejar correr el tiempo, ver pasar a la gente, y embotarse de cerveza.
La tercera vuelta, la perfecta según un escritor británico, desabrocha y desparrama la nostalgia. De repente la tarde se ha puesto fría y la vista acuática se ha afeado. El mar sigue incólume invadiendo el territorio de la arena.
Empieza el más joven. Lamenta no tener a nadie a su lado con quien compartir cada momento, no disponer de un hombro sobre el cual llorar o apoyarse, o una cabellera a la cual acariciar. Pero la cerveza aminora la desesperanza.
La única mujer del trío, por su parte, espera ansiosa una llamada, un mensaje por correo electrónico o en su teléfono celular, de alguien que le prometió una vida de a dos desde el otro lado del mundo. Hasta ahora ese maldito no ha dado señales de vida. Siente en su fuero más íntimo que es casi improbable que reciba lo que espera. Pero la cerveza estimula su esperanza.
El más maduro, a su vez, con la piel curtida por los aires de tantos mundos, no quiere o no puede reconocer el error de haber dejado escapar al amor de su vida. Pero la cerveza acrecienta el remordimiento.
A los tres los espera el desamor a la vuelta de la esquina, en este balneario ocasional, y al regreso de las vacaciones, y al comienzo de cada día, y siempre, siempre, siempre.
El mar sigue incólume invadiendo el territorio de la arena.
Ellos no saben que integran la innumerable prole que, acaso acérrima, adhiere a aquella frase que los pinta de cuerpo y alma, esa que dice que nunca se debe subestimar la fidelidad que cada quien le guarda a sus viejos dolores.
Abelardo Castillo seguramente no sabe que logró pintar de tristeza la tarde de los tres turistas en una lejana playa de Australia. El universo no se desbarrancará en terribles cataclismos. La cerveza seguirá regando y envenenado las gargantas y los corazones de la mujer y sus dos amigos.
El mar sigue incólume invadiendo el territorio de la arena. El amor, mientras tanto, espera. Como siempre lo ha hecho.



Lectura de sus trabajos

Visitadora

Otra vez me visita. Podría afirmar que es como una amiga más. En este ambiente y en estas circunstancias sus venidas son hasta una novedad. ¿Por quién será esta vez? El que más posibilidades tiene de ser llevado es el viejo Abel, el que come gusanos y cucarachas. También puede ser Nicasio, quien está cumpliendo firmemente su promesa de no comer durante treinta y ocho días. De algo estoy seguro: Tampoco en esta oportunidad es mi turno. Lo sé por la sonrisa que me regala cuando pasa. Siempre me sonrió cada vez que vino a verme. Recuerdo aquella primera vez, cuando arrastró a mi hermano al precipicio. ¡Cuánto la maldije mientras me sonreía! Luego, cuando lo sedujo a mi padre. Ese día nos sonrió a ambos. Pero él no la veía. Yo sí. Y observaba cómo con sus suaves caricias y besos le hizo colocarse el revólver en la sien y apretar el gatillo. Luego me explicaría que lo había hecho para aliviarle la pena al pobre viejo por la muerte de mi hermano, de la cual nunca se había repuesto. Cuando vino a buscar a mi madre le recriminé no haber llegado antes ya que el cáncer era muy avanzado.
Cientos de veces advertí su presencia, pero ellos nunca se dieron cuenta. Recuerdo las veces que intenté avisarles, para que se prepararan a recibirla. Siempre se me reían en la cara. Murmuraban. Alguno de ellos debe haber pedido que me trajeran aquí.
Ahora la estoy viendo pasar. Siempre sonriéndome. Ahora se detiene. Mira en derredor. Creo que ya ha elegido. Mientras me acurruco entre las frazadas, observo cómo cae el director, resoplando y apretándose el pecho. Siento el golpeteo de los raudos pasos de los enfermeros que corren prestos a asistirlo. Al cerrar los ojos, la veo alejarse, siempre sonriente, por la puerta principal del manicomio.


De cómo se resuelve una situación difícil

El gélido viento se desparramaba por toda la planicie quemando las mejillas, manos y orejas de los pocos sobrevivientes que quedábamos. La fuerza arrolladora del enemigo nos había hecho retroceder hasta esa barrera imposible de franquear, un muro de piedra y montaña que preanunciaba el fin.
Ordené parapetarnos entre los peñascos. Avanzaban tranquilamente, regodeándose de su aplastante victoria. Su máximo placer era jugar con nosotros, en esa caza del gato y el ratón que terminaría con nuestra muerte. Adelante, su gigantesca figura.
Alguno de los nuestros descubrió la casa abandonada al pie de la barranca. Hacia allí corrimos. Hacia allí se dirigieron. Entrar y bloquear puertas y ventanas fue un solo acto, instintivo. En la penumbra se oían los rezos. El golpe de una piedra o un tronco, no recuerdo, destrozó la puerta. Me encomendé al Altísimo y, muy cuidadosamente, me asomé.
Lo ví llegar. Detenerse muy cerca de donde yo estaba. Con ese aire fatal que tanto lo había ganado. Demorando el paso hasta la inmovilidad, llegó a la puerta. El sol alcanzó a hurtar un breve destello al oro indiscutible del anillo. Después –para mi pavor y asombro-, entró.
No sé qué fuerza invisible me obligó a cargar la honda y lanzar la piedra. Mientras los enemigos huían desconcertados, Goliat caía pesadamente como marioneta desarticulada por el frío suelo de arena y piedra con el cráneo destrozado.


Sergio Soler
Información Profesional:
Licenciado en Lengua Inglesa, egresado de la Universidad del Salvador de Buenos Aires.
Profesor de Idioma Inglés, egresado del Instituto Superior Juan XXIII de Bahía Blanca.
Traductor técnico y profesor universitario en la Armada Argentina.
Corrector estilográfico en editoriales y en medios gráficos capitalinos, del interior del país y de la Armada Argentina.
Periodista de medios gráficos y radiales.

Información Literaria:
Autor del libro titulado “Catálogo de Amores Desolados”, serie de microcuentos;  co-autor del libro de cuentos y poemas “Convergencia” junto a Héctor Pedro Soulé Tonelli. 
Integró antologías nacionales e internacionales. Redactor columnista del diario La Nueva Provincia. Corrector y colaborador del diario digital y de la revista Gaceta Marinera de la Armada Argentina. Redactor y corrector de la revista literaria Locos en su Tinta, del Círculo Literario Punta Alta, dirigida por Gladys Acha y de la revista de divulgación histórica El Archivo, del municipio de Coronel Rosales. Colaborador en distintos medios gráficos y revistas del interior del país, y corresponsal de la revista cultural digital El Escupitajo de Oro, dirigida por Jonatan Lipner.
Presidente de la Comisión Directiva del Círculo Literario Punta Alta. Integrante de la Peña de Escritores Rosaleños 13 de Junio y de las comisiones de la Filial N° 5 de SALAC Bahía Blanca – Coronel Rosales Sociedad Argentina de las Artes, las Letras y las Ciencias), y de la agrupación bahiense Voces del Viento.
Coordinador del taller literario “Las Musas Deben Estar Locas”, de la Biblioteca Popular Martín Allica, de la Sociedad de Fomento del barrio 12 de Octubre, Bahía Blanca; del taller “Radiógrafos de la Palabra” de la Fundación Ezequiel Martínez Estrada de la Universidad Nacional del Sur, Bahía Blanca y del Taller “De la Estación”, del Complejo Cultural Estación Solier de la Municipalidad de Coronel Rosales.
Jurado en distintos concursos nacionales e internacionales. Conferencista en diversos encuentros y congresos de escritores nacionales e internacionales.
Ganador en certámenes nacionales e internacionales.
Co-autor, junto a la escritora Gladys Acha del blog aladelaberintosalados.blogspot.com.



Lectura de la Ponencia

PONENCIA

Monstruos de la imaginación


Los monstruos, o cualquier criatura concebida terrible, deforme, extraña y malvada (o, en cualquier caso, lo suficientemente caótica y pérfida como para provocar maldades) son seres que han fascinado al hombre desde siempre. Esto, como era de esperarse, se ha reflejado en la literatura universal.
Muchos de ellos provienen de nuestros miedos atávicos, de cuyos ejemplos podemos citar a la bestia que se esconde en la oscuridad, donde no podemos verla, aquella que nos clavará sus garras y sus colmillos mientras dormimos. Surgen de lo desconocido, de la enfermedad, de la muerte y hasta de la podredumbre. Pero, y para peor, se actualizan poco a poco, se aggiornan, para adaptarse al tiempo y a sus nuevas exigencias de representaciones de entidades de destrucción.
De este modo podemos encontrarnos con monstruos clásicos, cuya leyenda nos persigue desde épocas antiguas –la banshee, el vampiro, el hombre lobo, el fantasma, por citar a los más populares- o con monstruos actualizados – tales como el supervillano que busca dominar el mundo o acabar con la humanidad, el alienígena repulsivo y homicida, el asesino en serie. 
La literatura parece cada vez más interesada en describir a monstruos realistas, presentes entre nosotros, como el mencionado asesino, e incluso se narran historias desde la perspectiva del ser monstruoso que, muchas de las veces, no es más que una criatura mal entendida que se rige por códigos éticos o políticos diferentes a las personas “normales”, o que representa, simplemente, aquello que el hombre considera diferente.
Elaborar un listado de monstruos literarios clásicos es, a fuer de verdad, un proyecto ambiciosos y puramente subjetivo. No se pretende en este escrito efectuar tamaña tarea que, además de demandar una exhaustiva investigación por parte de especialistas, incorporaría tamaña cantidad de páginas que excedería los límites de una ponencia.
Cualquier lista de monstruos suele empezar por la obra de Mary Shelley y es fácil entender por qué. La criatura revivida del Dr. Frankenstein asusta no sólo por su condición de muerto viviente, de zombi consciente aunque en muchas adaptaciones posteriores se lo convirtió en una fiera torpe, sin inteligencia ninguna y atormentado por su propia naturaleza), sino por la manera en la que fue concebida, aquella noche en la que Shelley soñó su terrible pesadilla y decidió compartirla durante la misma sesión de cuentos de terror de la que surgirían dos de los monstruos más famosos de la historia literaria: la criatura de Frankenstein y el vampiro romántico, que tomó forma en la narración iniciada e inspirada por su esposo, Lord Byron finalmente atribuida a John William Polidori: el vampiro.
El muerto revivido ha tenido miles de interpretaciones a lo largo del tiempo, y se recrea en el pánico hacia aquello que sobrevive en un mundo desconocido, el de la muerte, atribuyéndole maldad y caos en su desdén hacia lo vivo. Hoy en día adopta, además, nuevas formas gracias a los avances tecnológicos, e Isaac Asimov llegó a acuñar el término complejo de Frankenstein para referirse a la fobia hacia los robots. Y es que el monstruo de Frankenstein es el androide original, creado de implantes primitivos de carne y tuercas y energía eléctrica, una pesadilla que se asocia también con la teoría estética del valle inquietante, una hipótesis que afirma que si algo antropomórfico actúa y se mueve de una forma muy similar, pero no idéntica, a la humana, nos causa una gran repulsión. La criatura de Frankenstein es lo suficientemente antropomórfica, y a la vez lo suficientemente alienígena ya que proviene de la muerte, está fabricada de cadáveres y de una energía poco conocida, extraña como para producirnos rechazo y terror. Esto, desde el punto de vista del monstruo en sí, dotado de conciencia, es un material de primera para crear tragedias emocionantes.
Podemos incluir en esa lista, más o menos genérica y con la que muchos estarán de acuerdo o no, a seres como Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El Jorobado de Notre Damme, El Fantasma de la Ópera, La Momia, El Hombre Invisible, El Hombre Lobo, Drácula, y hasta el insecto que nos habla a los lectores de La Metamorfosis, de Franz Kafka y al ser horrible del cuento El Almohadón de Pluma, de nuestro Horacio Quiroga.
Manos a la obra.

1.    Pennywise, el payaso bailarín, de la novela “It”, de Stephen King. Un payaso terrorífico. El retrato en la versión cinematográfica es sobresaliente pero en el libro es cien veces mejor. Pennywise, el rey absoluto en asustar a la gente, es el nombre con el que se presenta y la forma con la que atrae a la mayoría de los niños. Ha vivido durante millones de años y llegó a la Tierra a partir de un origen extraterrestre. Tiene la peculiaridad de aparecerse a una persona en la forma que más miedo le provoque. Hiberna de unos 25 a 30 años y se despierta durante una catástrofe horrible o acto de violencia. Asume la forma de lo que sea, con el fin de aterrorizar a los seres humanos, especialmente a niños, cuyos miedos son fáciles de manifestar. Pero su disfraz más común es como un payaso que lleva globos que flotan contra el viento. Su primera escena es la escena infame de alcantarillado, en la que se pone de pie en una alcantarilla de lluvias donde Denbrough Georgie está buscando a su velero de juguete. Lo único que quiere es comer a la gente que tiene mejor sabor cuando están aterrados. Se deleita cuando causa dolor psicológico, emocional y físico.

2.    El Balrog de la trilogía El Señor de los Anillos, de JRR Tolkien. Es un demonio gigante que se puede envolver a sí mismo en el fuego eterno, y esgrime un látigo de fuego enorme, y una espada gigantesca de fuego. Tiene garras de acero, y puede tener enormes alas de como murciélago de la oscuridad. El propio autor nunca parece haber estado satisfecho con su creación, ya que ha ido cambiando, pero el personaje en el Señor de los Anillos es tan poderoso que nadie en sus 5.000 años de historia de la Tierra Media lo puede superar, hasta que se encuentra a Gandalf.

3.    El minotauro de la mitología griega. Es un cruce entre un humano y un toro y la historia de su creación es muy divertida. El rey Minos tenía una esposa y reina llamada Pasifae, quien maldijo a Poseidón con la lujuria de un toro gigante blanco que envió a la isla de Minos, en Creta. Pasifae se vestía provocativamente y se paseaba al lado del toro lo cual no le importaba en absoluto. Ella se quejó con su marido hasta que éste ordenó a Dédalo, su ingeniero de cautivos, construir un toro enorme y hueco para subir a Pasifae. Así lo hizo y apenas pisó los pastos del ruedo del toro, éste hizo lo que quiso con ella. Su descendencia era algo monstruoso y maligno, devoraba a todos los seres humanos que caían en sus manos. Así que Minos ordenó a Dédalo construir un laberinto gigante para que el minotauro no pudiera escapar. A fin de mantener al minotauro tratando de encontrar la salida, Minos ordenó que 7 hombres y 7 mujeres fueran arrojados en el laberinto cada año para mantener la atención del minotauro. Es finalmente asesinado por Teseo, que utiliza un ovillo de hilo que le dio Ariadna para encontrar la salida del laberinto.

4.    Escila de “La odisea”, de Homero. Es también parte de una de las grandes historias de la mitología griega. La historia es una metáfora, similar a la de Dédalo e Ícaro, para seguir el camino recto y no desviarse demasiado de una manera u otra. En la Odisea, Circe informa a Ulises que su ruta se llevará a través del estrecho de Escila y Caribdis. Caribdis es un remolino enorme que podría hundir su barco. Será mejor, por lo tanto, navegar más cerca de Escila y perder unos pocos hombres, en lugar de a todos ellos. La aparición de Scylla es horrible más allá de la razón: cuatro ojos, seis largos cuellos estirados, grandes cabezas, desangrándose, con tres filas de dientes irregulares, tiburón en cada uno. Doce tentáculos como piernas, la cola de un gato con seis cabezas de perro.

5.    Fenris, de la Mitología nórdica. También llamado Fenrir, es un colosal lobo negro peludo, el hijo de Loki, dios de la travesura. De acuerdo con el Heimskringla, y las Eddas poéticas en prosa, Fenris ataca y mata a Odín, el rey de los dioses, en Ragnarok. Ragnarok es el Armagedón Vikingo, tiempo durante el cual, todos los dioses lucharon y murieron en batalla. Casi todos los seres humanos serian destruidos en los disturbios, y el Universo mismo eliminado y recreado de nuevo por el padre de todo. Thor, dios del trueno, se reunirá con la serpiente cósmica de Midgard, Jormungandr, que rodea todo el mundo y se muerde la cola. Cuando se libera la cola para luchar contra Thor, Ragnarok se iniciará, y él y Thor se matan uno a otro. Loki luchará contra Heimdallr, el dios del cuerno de la sabiduría, y se matarán el uno al otro. Fenris, por su parte, es un lobo enorme, con un gusto por la carne humana. Se hace cada vez más grande con cada persona que devora, hasta que, en el momento de Ragnarok, es del tamaño de un continente o el mundo entero. Su mandíbula inferior abierta arrastra el suelo, mientras que su mandíbula superior toca el cielo. Lucha y vence a Odín, entonces se lo traga entero y vivo. El hijo de Odín, Vithar, rompe las mandíbulas de Fenris y lo empala. En algunas versiones del mito, Fenris come a Odín, y luego se traga todo el mundo antes de que Vithar puede detenerlo.

6.    Medusa de la Mitología griega. Tal vez es el más puro en términos de horrores físicos. Medusa es la hija de los dioses del mar Forcis y Ceto, y en la versión original del mito, ella y sus tres hermanas, también con pelo de serpientes, siempre han existido en su forma monstruosa. Es la última adición popularizada por Ovidio en su Metamorfosis lo que le da el trasfondo de Medusa, una en la que Poseidón la violó en el templo de Atenea. Esto enfureció a Atenea, que rápidamente transformó a Medusa en una vieja serpiente de pelo tan horrible que ni siquiera se podía mirar a los ojos, y cualquier ser vivo que lo hiciera era convertido en piedra. En la mayoría de las versiones del mito, Medusa es decapitada por Perseo, que ve su reflejo en su escudo para protegerse de mirarla.

7.    El calamar gigante de la novela “20.000 leguas de viaje submarino”, de Julio Verne. El barco submarino del capitán Nemo, el Nautilus, está equipado con el armamento más avanzado del mundo para el 1800, incluyendo las balas electrificadas. Pero cerca del final de la novela, la nave es rodeada por una escuela de “poulpes”, que es la palabra francesa para “pulpos”. Casi siempre es traducido como “calamar gigante”, porque un poulpe en particular, se enreda en las hélices de Nautilus, y el equipo tiene que ir a la superestructura y empezar una lucha con hachas, arpones y cuchillos. Verne nunca describe el tamaño del calamar, pero lo pone implícito en, “uno de estos animales, a sólo seis pies de largo, tendría tentáculos de 27 pies de largo. Eso lo haría un monstruo formidable como los que se han visto en fotografías relativamente contemporáneas y has ta de los cuales se han registrado capturas de piezas enormes.

8.    El Wendigo de la literatura algonquina. Los mitos en torno a este monstruo varían con cada tribu de las lenguas algonquinas, entre estas tribus se encuentran los Cree, Ojibwa, Montañeses y otros. Según se cita en la Wikipedia la descripción de los Ojibwa para un Wendigo es: “Demacrado, hasta el punto de extenuación, con la piel desecada tensada sobre sus huesos. Con sus huesos empujando contra su piel, su complexión como la ceniza gris de la muerte y sus ojos profundamente hacia atrás en las órbitas, el Wendigo parecía un esqueleto flaco recién desenterrado de la tumba. Despedía un olor extraño y misterioso de decadencia y descomposición, la muerte y la corrupción”. Es una aparición caníbal que devora a los seres humanos y puede asumir su forma en algunas de las variaciones de los mitos de las tribus. En todas las tribus Algonquinas, cualquier ser humano que recurre al canibalismo se convertirá en un Wendigo para siempre. La mejor parte de este mito se encuentra en la tribu Abenaki de Maine y Quebec oriental. Se temía al Wendigo, ya que atacaba a los campistas que dormían en las afueras del desierto, se dice que los cocinaba y comía los pies primero. Todos en la zona escuchaban gritos espeluznantes de dolor en lo lejano.

9.    El Jabberwock de la novela “Alicia a través del espejo”, de Lewis Carroll. Es una pesadilla monstruosa. La razón por la que es tan horrible es la descripción magistral de Carroll. Él inventó nuevas palabras a través de su famoso poema, La bestia del reino, para dar un aire de absurdo, pero con ese sentido viene el miedo. Tenemos miedo de cosas que no podemos percibir. Cuando las luces se apagan, se mira por encima del hombro el babeo de monstruo terrible listo para despojar a la carne de sus huesos. Tiene brillantes ojos rojos, un color que sobresale en un bosque, y que “burbujea”, que suena igual que el sonido de babeo voraz.

10. Grendel de la saga sajona Beowulf.
El primero de los tres villanos principales en el poema épico anónimo. Se le describe como un descendiente de Caín, el primer asesino en el mundo, cuyo linaje, Dios maldijo con atroces deformidades físicas. Grendel no se describe físicamente en el poema, salvo para decir que es una criatura horrible, “muy terrible de ver.” Él se enfurece, probablemente por la juerga de la gente y la voz alta, todas las noches en la sala de aguamiel de Heorot, irrumpe en las festividades de la noche y devora a 30 hombres. Entonces el rey Hrothgar avisa a Beowulf, el guerrero más grande del mundo, para que venga y mate a la bestia. Con Beowulf y sus hombres al acecho, Grendel asesina y se traga a varios de sus hombres, entonces ataca a Beowulf, y luchan hasta la muerte. Beowulf arranca uno de sus brazos con las manos desnudas, y Grendel huye nueve días bajo el agua a la guarida de su madre. Beowulf va tras él, mata a su madre, y se encuentra Grendel agazapado en un rincón, y lo decapita.  Por supuesto, Grendel es un cobarde total, una vez que conoce a Beowulf, pero hasta entonces, no hay nadie en el mundo que lo pueda detener.

Balrog

Balrog es un demonio gigante que se puede envolver a sí mismo en el fuego eterno, y esgrime un látigo de fuego enorme, y una espada gigantesca de fuego. Tiene garras de acero, y puede tener enormes alas de como murciélago de la oscuridad. Tolkien nunca parece haber estado satisfecho con su creación, ya que ha ido cambiando, pero el personaje en el Señor de los Anillos es tan poderoso que nadie en sus 5000 años de historia de la Tierra Media lo puede superar, hasta que se encuentra a Gandalf.



Recreo

Etimología

El nombre Balrog es una palabra sindarin que significa "demonio de poder", siendo Valarauko su versión en quenya. (Vala, significa "poder", rauko[r], demonio) Aunque su primera aparición expresa fue en la novela El Señor de los Anillos existen menciones en otros libros anteriores de Tolkien, como El Silmarilion.

Descripción

Los balrogs son Maiar al servicio de Melkor y Sauron descritos como enormes y amenazantes humanoides, con la habilidad de controlar el fuego, la oscuridad y las sombras. Inducían terror en enemigos y aliados por igual, y la sola mención de su nombre hacía temer a los más valerosos guerreros. Solían estar armados con látigos ígneos de varias puntas, y a veces con enormes espadas de fuego. Se deja entrever en los libros de Tolkien que los balrogs eran terriblemente poderosos, ya que requerían un esfuerzo colosal para ser destruidos; sólo los dragones podían rivalizar con ellos en ferocidad y destrucción.
Aunque en los libros se deja ver poco de la inteligencia y motivaciones de los balrogs, puede suponerse que poseerían no sólo plena inteligencia, sino también grandes intelectos, debido a su pasado Maiar. Los balrogs fueron probablemente los únicos subordinados de Melkor con genuina lealtad hacia su señor, como se vio cuando lo rescataron de Ungoliant.
Los espíritus Maiar más terribles de entre aquellos que se convirtieron en servidores de Melkor, el Enemigo Oscuro, fueron los que se transformaron en demonios. En el idioma de los Altos Elfos se los llamaba los valaraukar, pero en la Tierra Media los denominaban balrogs, los «demonios de poder». De todos los siervos de Melkor, ni siquiera los dragones eran tan poderosos. Enormes y pesados, los balrogs eran demonios de aspecto humanoide, con crines de fuego, astutos y muy inteligentes. Los pocos que vivieron para contar un encuentro con uno de estos seres los describen como un conjunto de llamas y sombras enormes y cambiantes, "sombras aladas", viscosos con miembros con el poder constrictor de la mayor de las serpientes. El arma principal del balrog era el látigo de fuego de múltiples colas y, aunque también llevaban la maza, el hacha y la espada flamígera, era el látigo lo que más temían sus enemigos
Esta arma era tan terrible que el vasto mal de Ungoliant, la Gran Araña que ni siquiera los Valar pudieron destruir, fue expulsado del reino de Melkor por sus feroces latigazos. El más infame de la raza de los balrogs era Gothmog, Señor de los balrogs y Gran Capitán de Angband. En las Guerras de Beleriand fueron tres los grandes señores elfos que cayeron bajo su látigo y su negra hacha. En cada uno de los alzamientos de Melkor y en cada una de sus batallas, los balrogs se encontraban entre sus principales campeones, y así, cuando el holocausto de la Guerra de la Ira puso fin para siempre al reino de Melkor, también acabó casi por completo con los balrogs como raza. Se cuenta que algunos huyeron de aquella última batalla y se enterraron en lo más profundo de las montañas, pero transcurridos muchos miles de años nada más se supo de aquellos malvados seres y la mayor parte de la gente creyó que los demonios habían abandonado la Tierra para siempre. 
Sin embargo, durante la Tercera Edad del Sol, los enanos que minaban en MoriasMoria cada vez a mayor profundidad, liberaron accidentalmente a un demonio sepultado. Una vez libre, el Balrog mató a dos reyes enanos y, reuniendo a orcos orcos y trolls para que lo ayudaran, expulsó a los enanos para siempre de Moria. Su dominio no se vio cuestionado durante diez siglos, hasta que fue arrojado desde lo alto del pico de Zirak-zigil por el Mago Gandalf, después de la Batalla en el Puente de Khazad-dûm

Gothmog, el Señor de los Balrogs

Los Balrogs fueron originalmente Maiar, de la misma raza que Saruman y Gandalf, pero fueron seducidos por Melkor, que los corrompió bajo su servicio en los días de esplendor después de la creación de Arda. Al final de la Primera Edad, los Valar capturaron a Melkor y destruyeron Utumno yAngband, haciendo huir a los Balrogs, los cuales se ocultaron en profundas simas y abismos. Cuando Melkor volvió de Valinor, ahora bajo el nombre de Morgoth, y fue atacado por la criatura arácnida Ungoliant en la costa helada de Lammoth, en Beleriand, los Balrogs despertaron y ayudaron a su amo, espantando a la araña.
Cuando los Noldor llegaron a Beleriand en persecución de Morgoth, consiguieron la victoria contra los orcos en la Dagor-nuin-Giliath. Sin embargo, cuando las fuerzas de Fëanor intentaron tomar Angband, los Balrogs irrumpieron y el líder de ellos, Gothmog, hirió mortalmente a Fëanor. Aunque sus hijos pusieron en fuga a los Balrogs, Fëanor murió poco después.
 En Las baladas de BeleriandLa balada de Leithian, se menciona que los Balrogs capitaneaban orcos. Tolkien dice que como mínimo dos Balrogs fueron abatidos en la caída de Gondolin. Durante el asalto a la ciudad, Ecthelion de la Fuente luchó contra Gothmog y ambos murieron, mientras que Glorfindel se enfrentó a otro Balrog cuando intentaban escapar del sitio, cayendo Glorfindel y él a un hondo abismo, donde ambos murieron.
En la Guerra de la Cólera con la que finalizó la Primera Edad, la mayoría de los Balrogs fueron destruidos, aunque al menos uno, el conocido como Daño de Durin, consiguió escapar y refugiarse en las profundidades de la tierra. En el año 1980 de la Tercera Edad los Enanos de Khazad-dûm cavaron tan profundamente que despertaron a la criatura, que mató aDurin VI y su hijo Náin I y forzó a los Enanos a abandonar Moria. El año 3019, la Comunidad del Anillo se aventuró en Moria y fueron atacados por orcos y el Balrog en la Cámara de Mazarbul. Gandalf se enfrentó al balrog en el Puente de Khazad-dûm, el cual colapsó con ambos encima y cayeron a una profunda sima. Pero, a diferencia del duelo de Glorfindel, los contendientes sobrevivieron a dicha caída y prolongaron su duelo a través de los túneles de Moria hasta que Gandalf fue capaz de abatirle.


Descanso


Apariencia

A pesar de numerosas interpretaciones de la apariencia del Balrog, Tolkien mismo nunca clarificó enteramente su apariencia exacta. No está claro si el Balrog retuvo la habilidad de cambiar forma de los Maiar, o cuál era la forma exacta de aquel que encontró la Comunidad. Especialmente, nunca estuvo claro cuán grande era, o si fue vislumbrado como una criatura alada o no; de hecho, el Balrog de la adaptación de Peter Jackson no es del todo acorde al legendarium de Tolkien, debido a la falta de información sobre su fisonomía.

¿Alados o no?

El debate de sus alas proviene del capítulo de El Puente de Khazad-Dûm'" de La Comunidad del Anillo. Hay dos referencias en él:
“Su enemigo se paró de nuevo, enfrentándolo, y la sombra alrededor aparecieron como dos vastas alas [...]. De pronto se desplegó a gran altura, y sus alas se extendían de pared a pared...” (El Señor de los Anillos, Libro segundo, Cap.5 "El Puente de Khazad-Dûm").
De estos dos breves pasajes, no está claro si la referencia a las alas debe ser tomada metafórica o literalmente, si las alas de sombra están de hecho ahí y podían soportar a la criatura en vuelo, si las sombras del Balrog simplemente parecíanalas, o si se pretendía que fuera una alusión a su amenazadora naturaleza. Hay otras menciones de Balrogs viajando con "velocidad alada", pero ésta es una expresión común usada ampliamente en los trabajos de Tolkien, así como en otros trabajos literarios.
Sumado a la confusión, está el hecho de que tanto Gandalf como Glorfindel libraron duelos con Balrogs, y en ambos casos, los demonios cayeron desde gran altura y no usaron sus "alas", ni siquiera para planear o para intentar aterrizar de forma controlada. De nuevo, esto puede ser interpretado de varias maneras. Es concebible que las alas no fueron usadas para volar debido a su condición física eventual, es decir, que estuvieran lesionados o exhaustos como resultado del combate, así como que las condiciones del terreno no les permitiera volar, o incluso que sus alas sólo fuesen vestigiales.
Adam Tolkien, nieto del escritor, afirmó en una conferencia celebrada en Elche en 2008 que los Balrog sí tenían alas.

El tamaño de los Balrogs

Incluso el tamaño exacto de los Balrogs es tema de disputa. Tolkien daba un par de indicaciones acerca de esto. “… [el Balrog] dio zancadas hasta la fisura, no más que la altura de un hombre y sin embargo el terror parecía ir tras él”. (La historia de la Tierra Media, vol. VII (La traición de Isengard), X Las minas de Moria II: El puente).
Esto no aparece en la versión publicada de El Señor de los Anillos, así que podría no haber sido prevista como versión definitiva. Pero los otros textos sobre los Balrogs indican que no eran de ninguna gran altura en particular.
En El Señor de los Anillos, Tolkien nota que una entrada fue hecha de tal tamaño que “... orcos uno detrás del otro brincaron dentro de la cámara... se agruparon en la entrada”. (El Señor de los Anillos, Libro segundo, Cap. 5 "El puente de Khazad-dûm").
Tal entrada no parece que sea pasable por una criatura mucho más grande que una de tamaño humano, debido a su capacidad de poder desplazarse por un túnel angosto y no muy alto. También puede sugerir que el Balrog no poseía una naturaleza física tangible, o que estuviese agachado o reptando por el túnel.
Para las adaptaciones fílmicas del libro, ambos temas necesitaban ser resueltos. El Balrog dibujado por Ralph Bakshi para la versión animada de 1978 se asemejaba a un simio o un león alado, no mucho más grande que un humano, pero considerablemente más pesado, y que sí podía volar. La versión de Peter Jackson de La Comunidad del Anillo, lanzada en2001, apostó por una gran criatura claramente alada; sin embargo, durante la lucha con Gandalf, el Balrog parece incapaz de volar. Esto quizás fue debido a la falta de espacio en el abismo, ya que en un par de ocasiones se ve que el Balrog rebota contra las paredes, denotando tal vez que no había suficiente espacio para extender las alas.


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Creación y evolución literaria

En uno de los escritos tempranos de la Tierra Media, Baladas de los hijos de Húrin, "Lungothrin, Señor de los Balrogs" es mencionado. No es, sin embargo, seguro de que haya sido otro nombre para Gothmog, o si simplemente significaba "un Señor Balrog". De acuerdo a Christopher Tolkien, este último es más probable, ya que el nombre Gothmog fue mencionado en los escritos más tempranos sobre la Tierra Media, así también como en la versión final de la mitología de Tolkien.
Los Balrogs fueron originalmente imaginados para ser inmensos en número y no muy resistentes como individuos:
El concepto original de los Balrog los hace menos terribles, y ciertamente más destruíbles, que sus siguientes descripciones: existieron cientos de ellos (p. 170), y muchos fueron asesinados por Tuor y los habitantes deGondolin en grandes números: "de esta manera cinco cayeron bajo el gran hacha de Tuor Dramborleg, tres bajo la espada de Ecthelion, y dos veintenas fueron asesinadas por los guerreros de la casa del rey. (El libro de los cuentos perdidos 2, comentario de Christopher Tolkien en «La caída de Gondolin»).
“Aparecieron los lobos y las serpientes y cien Balrogs, y luego Glomund el padre de los Dragones”, (El Camino PerdidoQuenta Silmarillion capítulo 16, §15).
A medida que el legendarium se volvía más formidable e internamente consistente, y los Balrogs más terribles, este número fue reducido bastante. Al final Tolkien estableció que habría "como mucho" siete de ellos:
Como nota al margen mi padre escribió: 'Se supone que no más de 3 o como máximo 7 existieron en su totalidad.' (El anillo de Morgoth, Sección 2 (AAm*): nota 50 (después de la sección 3).
El número de Balrogs cambió a, como máximo, 7 en el mismo momento en que se volvieron Maiar en la mente de Tolkien, así que esta nota es la única condición aplicable del número de Balrogs que Tolkien escribió. Sin embargo, a menudo se alude a que éstos presentan grandes números, incluso si no hay una cuenta específica. Para informar de esto, generalmente se plantea que existían dos clases: Balrogs mayores y menores. Hay sólo unos pocos Balrogs mayores, como hay también unos pocos Maiar importantes, pero también muchos Balrogs menores que eran la mayoría de las fuerzas de Morgoth.


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Armas y habilidades

Aunque su arsenal es variado, se presentan algunos patrones:
·         Poder de usar el fuego como arma, estando rodeados de él.
·         Casi todos los Balrogs aparecen descritos con látigos llameantes de muchas colas.
·         Posible control de la magia, ya que en el capítulo "El Puente de Khazad-Dûm" Gandalf menciona que el Balrog usó un «contraconjuro» para abrir la puerta que el mago había sellado.
·         El Balrog de Moria apareció con una espada de fuego. Por su parte, el Señor de los Balrogs Gothmog portaba un hacha negra, mientras que los miembros de su séquito llevaban mazas del mismo color.



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